CONJUNTO MÚSICO-DANZARIO OKAY

a investigadora cubana Leyda Oquendo Ramos en el texto Las clases y la lucha de clases en la Sociedad Neocolonial Cubana (1981) señala que “la inmigración por familias o por contratación de braceros para tener barata y abundante la mano de obra fue una cuestión muy debatida durante años. Desde 1899, se pedía la inmigración por parte de los hacendados cubanos como fórmula salvadora, sin embargo,  en 1902, por orden militar #155, 15 de mayo se prohibió terminantemente la inmigración de trabajadores contratados  para ocuparlos en labores agrícolas; no se querían  haitianos, ni jamaicanos, no chinos en el país. Esta prohibición cesó en 1913 por interés de los magnates  del central Preston. En 1914, la estadística oficial recoge la llegada de 128 antillanos. En 1917, autorizada ya la contratación aparecieron 1771 antillanos.[1]

Ramiro Guerra también en el texto Azúcar y Población en las Antillas dice que: “A fines del año 1912 autorizada por un decreto del presidente general José Miguel Gómez importó la United Fruit 1 400 haitianos. Durante los dos períodos del presidente general Mario García Menocal de mayo de 1921 entraron en Cuba 8 000 haitianos y  75 000 jamaiquinos.

Haitianos

En 1921 entraron a Cuba 12 483.

En 1922 entraron a Cuba      639.

En 1923 entraron a Cuba 11 088.

En 1924 entraron a Cuba 21 013.

En 1925 entraron a Cuba 18 750.”[2]

El antiguo central Stewartno quedó exento de la necesidad de mano de obra baratacomo los demás centrales del país, ni de la política explotadora de los consorcios nacionales y extranjeros, por lo que abre  sus puertas en la década del 10 a una inmigración procedente del Caribe, principalmente de origen haitiano, jamaicano, granadinos, barbadenses, trinitarios y martiniquenses, así como a pequeños grupos de países de la cuenca del caribe; al igual que los españoles, chinos, y algunos latinoamericanos que vinieron a Cuba alentados por la fábula de riquezas pintadas a todo color, (por los traficantes de esclavos).Producto del bajo nivel  de vida y la explotación a que eran sometidos, aparejado  a la malnutrición y excesivas jornadas de trabajo  se veían obligados a buscar lugares donde pudieran constituir una familia, se crearon de esta forma los bateyes o asentamientos.

Los haitianos que llegaron a este ingenio azucarero alrededor de estos años según el escritor Reinaldo González fueron utilizados en su gran mayoría para realizar labores agrícolas, ellos vinieron en busca de seguridad económica, emprendieron viaje empujados por la miseria y estimulados por lo que se decía por contratistas y hacendados azucareros, en Cuba en los trabajos de la industria azucarera y agrícola podían obtener: bonanza, dinero y fortuna.

De esta forma es que se asientan la inmensa mayoría de inmigrantes de esta etnia en bateyes de las colonias cañeras en los poblados de la antigua región de Ciego de Ávila en los centrales azucareros: Stewart, Jagüeyal, Santo Tomás, Jatibonico, Algodones y Ciego de Ávila y le impusieron a sus hijos una educación rígida franco-haitiana a la usanza de Haití. Todo ello fue asimilado por sus descendientes a través de la  transmisión oral y práctica junto con su idioma  natal se observa el bilingüismo: El patuá o creóle y el español que predomina debido a su vinculación con el sistema nacional de enseñanza se observa la vinculación con los rasgos étnicos cubano.

Es así que por su educación, respeto, grado de bondad, nobleza, sinceridad y laboriosidad; los cubanos que vivían en estos bateyes se comienzan a hermanar y a reunir con los haitianos llegando poco a poco a amar y a asimilar sus costumbres, tradiciones, creencias religiosas, idioma, sentido de la honradez, del deber y de la fidelidad, y demás hábitos se interrelacionaron con las de esta tierra y crearon una forma particular de cultura popular tradicional de antecedentes francófonos, matizada por la danza y la música vinculados a la religión vodú que comienzan a hacer prácticamente suyos las prácticas ancestrales y originarias traídas de Haití.

En este sentido, la investigadora Anaís Puig Rodríguez en el documento: “Las tradiciones haitianas en el municipio de Venezuela”, señala que  existieron dos flujos migratorios de haitianos, uno en que vinieron hombres solos y otro en que a diferencia del primero en este, los hombres trajeron a sus compañeras, las cuales con su trabajo aportarían algo a la economía familiar con la aspiración de reunir dinero para regresar a su tierra y organizar algún modesto negocio” (Puig, A, 1992, p: 2).

Estas aspiraciones de los haitianos se vieron mutiladas porque la vida no les fue tan fácil como le decían los contratistas que los trasladaban a Cuba y hacendados azucareros cubanos, el dinero no entraba a montones a sus bolsillos, este solo alcanzaba para sostener precariamente a la familia que iba numéricamente en aumento con la llegada de los hijos, quienes se integraron al quehacer de la sociedad cubana hasta afianzar firmemente sus raíces. Así se fueron asentando, echando raíces que se afianzaron al sentirse los hijos nacidos en Cuba como frutos de esta Isla. De esta manera los haitianos y sus descendientes poblaron gran parte de los campos y bateyes.

 Félix Castillo Benítez, nació el 18 de mayo de 1924 en Algodones, Sangüily. Emigra hacia Haití con su mamá. Con 27 años integra la banda de música del puerto de Okay, tocaba marímbula y la mandolina, era cantante y componía música. En el año 1947 regresa a Cuba y se asienta en la colonia de los Martínez, cerca del poblado de Jagüeyal. Comenta:

 “Los haitianos venían para Cuba porque Haití no es un país industrializado. Al no tener condiciones de vida favorable, Cuba aparece como una gran fuente de trabajo; los haitianos vinieron como braceros a través de un contrato que se abrió con los gobiernos de esa época,  los haitianos no vinieron para quedarse. Mi padre y mi abuelo eran navegantes que tenían una lancha y ellos trasladaban a personas que querían venir a Cuba en aquellos tiempos. El pasaje costaba 4 dólar con 20 centavos”. 

 Manuel Guillermo Sirne con sus 83 años de edad declara: “Yo vine de Haití con mi padrastro, padre de mi hermano Manolo por el puerto de Santiago de Cuba. Estaba viviendo con mi madrina en Okay,  y a los 8 años mi mamá que me había dejado con cinco años, me manda a buscar. Ella vino a Cuba a hacer zafra azucarera para hacer algún dinero. Era una mujer luchadora, sembraba de todo: plátano, boniato, yuca, malanga, arroz y guataqueaba caña; murió joven a los 32 ó 33 años. Los haitianos fuimos manteniendo nuestras tradiciones, hacíamos nuestras fiestas en noviembre, diciembre y enero, por eso ellas han llegado hasta hoy”.  

En las primeras zafras del central Stewart, más del 50% de los trabajadores que cortaban caña eran inmigrantes, cuestión que decae en los años siguientes a causa de enfermedades, muertes, la ley del 50% dictada en 1930, así como el regreso de algunos inmigrantes a sus países de origen por el decreto # 1404 del 20 de julio de 1921 que trata sobre la Repatriación de Braceros Antillanos, el cual indica en su artículo 1:

Reembarcar por cuenta del Estado, los braceros procedentes de Haití, Jamaica, y demás Antillas menores contratados para la producción agrícola al amparo de la ley de Inmigración del 3 de agosto de 1917 por constituir en la hora presente una carga pública para la nación”.

No obstante a ello, los haitianos y jamaicanos que se quedaron, así como otros inmigrantes de las Antillas Menores, dieron  a conocer elementos propios de su cultura que se mantienen hasta nuestros días posibilitando de esa forma  la mezcla  de nuestras raíces culturales.

La salvaguarda de las tradiciones haitianas en la cultura del pueblo

Los haitianos comenzaron a celebrar sus fiestas y a tocar tambores para honrar  a sus santos desde su llegada a Cuba, cuando comenzaba la zafra azucarera se acababan las fiestas. La zafra se iniciaba  el día 10  o el día 11  del mes de enero hasta el mes de abril, a partir del jueves de Semana Santa recesaban las actividades laborales hasta el sábado de gloria a partir de las 10:00am.

En la década de los años 1980 como parte de las investigaciones que se realizan en el país para conformar el Atlas de la Cultura Popular y Tradicional, el analista de la actividad cultural del municipio Venezuela hoy personalidad de la Cultura Cubana, José Manuel García Delgado, emprende estudios en relación con  los aportes de las diferentes grupos étnicos a la conformación de los componentes culturales a través de la elaboración del Atlas de la Cultura Popular Tradicional. En este análisis la cultura haitiana se le revela como la de mayor autenticidad y crea el conjunto portador de tradiciones haitianas músico-danzario “Okay” para divulgar  los aportes  de la misma.

El Conjunto Músico-Danzario Portador de Tradiciones “Okay” crea en el año 1981 por José Manuel, toma su nombre debido a que por el puerto (Les Cayes) situado al sur de la República de Haití embarcaron en su mayoría a inicios del siglo XX en busca de dinero y mejoras de vida, los haitianos que llegaron a este territorio y se asentaron en estas tierras del municipio Venezuela

Estuvo formado inicialmente solamente por haitianos y sus descendientes, posteriormente se integran a su nómina, cubanos blancos, negros y mulatos. Se realiza la primera presentación  pública de este conjunto, el 10 de octubre de  1981 en el poblado de Simón Reyes 15 ½, específicamente en el barrio de descendientes de haitianos: “La Julia 2” o barrio de “Haití Chiquito”. 

El espectáculo se inicia con una ceremonia religiosa a  un santo determinado, se canta por un solista y es respondido por el coro. Se inician  las actividades alrededor de una fogata, donde  se baila al compás de los toques y cantos, se recuerda a los que no están presentes. Se ofrece en ofrenda un pollo que se despluma y se sazona con picante, sobre ese fuego. Posteriormente la agrupación le canta y rinde tributo al puerto de Okay balanceando los brazos, torso, pies y la cabeza. Se canta la pliyé, pulá se bien: que quiere decir (yo rezo por esta Santa porque nosotros estamos haciendo una diligencia, y hay que pedirle permiso a los Santos que son los que mandan, llamamos a todos los espíritus para que nos ayuden y nos acompañen en lo que vamos hacer, para que todos nos salga bien; entonces los tambores contestan con un ritmo rápido ceremonial, que significa atraer a los santos para que acompañen a los danzantes y músicos en su celebración. 

 Posteriormente  se realiza el sacrificio del animal,  este acto es ejecutado por la Reina. La ceremonia consta de un chivo de color oscuro, un par de pollos, gallina y gallo, vianda, boniato, yuca, plátano. Comienza con un momento sublime y de gran tensión, en la que todos los tambores se preparan para la ceremonia; los músicos toman y botan en el suelo la bebida llamando a los santos, el mayombero o la Reina salen con su bandera y entonces se comienza a cantar. Los tambores se ponen furiosos señalando el hecho que va a ocurrir; con anterioridad se ha preparado el agua que está en la candela, el animal y  el cuchillo. Primero se degüella al chivo, después los pollos, el tercero es el puerco para comer y el cuarto es el carnero. El chivo, los pollos y el carnero se les pone como ofrenda a los santos y a los muertos, al otro día por la mañana se pueden comer; también se hace congrís, boniato, yuca, plátano, malanga, ñame y también se les ofrece primero a los muertos, después se le brinda a todo el pueblo que con gran emoción ha participado de este momento singular de reencuentro con sus ancestros y con su legado cultural. Se le brinda a todos los presentes en la ceremonia las bebidas haitianas y los dulces. 

  Liké.  Se elabora con canela, anís estrellado, azúcar y aguardiente.

 Tifei: Se prepara con anís estrellado, canela, albahaca blanca, se pone al sereno tres noches seguidas y al amanecer se guarda para que no tome Sol,  al cuarto día puede tomarse. 

 Posteriormente se celebra la ceremonia a Oggún Guerrero, deidad que se considera según la leyenda como el dueño de los metales y del hierro. Entonces la Reina que es la dueña de la danza, de la misma manera que la mujer es la dueña de la casa, que dirige y tiene los poderes sagrado.  El carácter de la danza es eminentemente religioso y de divertimento; se ejecuta en dos líneas paralelas y se realizan círculos, las filas de hombres y mujeres se colocan frente a frente y llevan a cabo complicados esquemas que se entrecruzan e intercambian de lugares. La danza brinda un atractivo estético singular gracias al colorido de los trajes en los cuales se entremezclan los colores: amarillo, violeta, azul, rojo, naranja, el blanco, toda una gama que hacen aún más bello el espectáculo danzario.

Los participantes bailan al unísono en el mismo sitio. La pareja no se cambia. A veces las formaciones de parejas se mantienen dentro de un esquema ya establecido; a menudo en círculo o en cuadrado. La coreografía puede cambiar varias veces durante el transcurso de la danza; las parejas pueden avanzar y entrelazarse con otras parejas, que después deshacen el trabajo en círculo para dibujar un gran círculo o dos concéntricos. A menudo ofrecen la oportunidad de demostrar la destreza del bailarín. Una de estas formas de danza muchas veces es ejecutada por un virtuoso que en ocasiones baila con un objeto (machete) o por la Reina. Los orígenes, pasos y coreografía de la danza, no se separan de su contexto cultural.

En la fiesta ritual los danzantes bailan en paso acompasado frente al toque fuerte del tambor que constituye un llamado al mundo mágico religioso de sus deidades ancestrales. Los movimientos rítmicos y acentuados de la cabeza, ojos, hombros, brazos, cintura, torso y pies se entremezclan en la euforia, algarabía y alboroto que también aparecen en sus cantos donde primeramente invocan a sus orishas y posteriormente recuerdan sus ritos, folklore y costumbres de antaño. Los giros expresivos con gran emotividad, y fortaleza, el sacrificio del animal, el canto del cantante principal y el coro que responde, la actitud de altruismo, poder y provocación insinuosa de la Reina constituyen elementos que acercan cada vez más a los bailadores, cantores y espectadores presentes, a la cultura de esa tierra que un día los vio emprender viaje y a la cual jamás regresaron.

El trabajo de forma circular simboliza el movimiento aparente del Sol o de la Luna, se entremezcla un objeto simbólico, el chivo el cual es sacrificado delante de los ojos atónitos de todos los presentes. Bailar delante del tambor con permiso de las deidades en franco desafío a los niveles de energía  que cada vez se va elevando constituye una alternancia de poder mágico, que se complementa con el trabajo del coro dirigido por una voz guía que pregunta y un grupo que responde a sus interrogantes.

El vestuario de los bailarines y los elementos que lo distinguen influyen en la naturaleza de los movimientos, las faldas amplias y los pañuelos, blusas con mangas y escote poco pronunciado, adornadas ambas piezas con vuelos y las telas de colores vivos o blancas, los hombres visten pantalón a media pierna y camisa sin mangas o de mangas cortas, ambos llevan pañuelo a la cabeza y el hombre utiliza otro ceñido en la cintura; los cuales que son manipulados con altruismo, elegancia y virtuosismo.

La danza consiste casi siempre en esquemas de pasos muy repetitivos. Los bailarines pueden estar alineados uno junto a otro, seguirse entre sí, tocarse o no. Si se tocan, el contacto puede ser de varias formas; tomándose de las manos, por la cintura o los hombros, o bien enlazando los brazos. Se le da vida a una historia o argumento en los elementos coreográficos que se exponen; en todas ellos los movimientos de los bailarines ilustran las historias que se cantan. La danza, implica acciones del pueblo como: trabajar, sembrar, dormir, jugar, cantar, bailar, divertirse, jaranear, regañar a un niño, o actos rituales. Los bailes de la agrupación son: Congó, Merengue, Cadrik, Eliansé, Vals.

Extremadamente importante es el acompañamiento musical y está relacionado con formas musicales y danzas diversas. Tanto la música como los pasos danzarios acentúan el segundo tiempo y se afianza en el trabajo de los tres tambores que se nombran, según la investigadora y profesora avileña Anaís Puig Rodríguez: “uno grande (un tronco ahuecado) de sonido grave llamado “guó tambú” el cual se percute con un trozo de madera, y dos más pequeños el “leguedé” y el “groundé” cuyo sonido es más agudo y se tocan con baquetas más finas. También se utiliza el cencerro y las maracas”.( Puig, A, 1992, p:6).

El trabajo musical está apoyado por el cantante solista que es el encargado de iniciar los cantos tanto religiosos como profanos, también esta persona singular debe dominar cuando los músicos deben cambiar de ritmo y cuando el coro debe entrar así como indicar el cierre de cada canto. El repertorio de la agrupación vocal acompañante tiene en cuenta: (Anexo 2).

Según la investigadora Anaís Puig Rodríguez, desde el día 9 de octubre en víspera de las conmemoraciones relacionadas con las fiestas patriótica del 10 de octubre y las fiestas haitianas, se prepara todo para la “elaboración de comidas como el congrí de frijoles colorados (PUÁ CONÍ), congrí de fríjol gándul (PUÁ CONGÓ), el quimbombó con carne de cerdo (CALALÚ), puré de vianda majada en un pilón (TON TON) y el fricasé de pollo. En la repostería se oferta la panetela criolla (BON BON), las torticas de maní, ajonjolí o coco lasqueado” (TABLETS) y se brindan bebidas como el Tifey (aguardiente con hojas medicinales) y el LIKÉ (licor con sabor de anís o canela).

  • El Festival del Caribe en Santiago de Cuba.
  • Las Ferias de Arte Popular Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.
  • Los Festivales Internacionales de la Cultura Haitiana en el Pabellón Cuba.
  • Las Tribunas Abiertas de la Revolución cubana.
  • Galas y desfiles por el 1ro de mayo, Jornadas de la Cultura, Actividades en barrios y comunidades.
  • Recibimiento a Delegaciones de varios países, entre ellos, la Delegación Cultural de la República Bolivariana de Venezuela.
  • Desfile por aniversario de la UJC, OPJM, CDR, FMC, MININT y Brigada de Instructores de Arte José Martí.
  • Actividades de celebración por el Triunfo de la Revolución Cubana y la Independencia Haití en 1804.
  • Obtención de premios, distinciones, medallas y condecoraciones y reconocimientos otorgados en el Festival Internacional de Raíces Haitianas “Wemilere”, también los otorgados por el Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello, el Consejo Nacional de Casas de Cultura, la Central de Trabajadores de Cuba, la Brigada de Instructores de Arte José Martí, la Asociación de Pedagogos de Cuba, la Asamblea Provincial del Poder Popular.
  • Obtención de reconocimientos otorgados como: Beca por parte del Ministerio de Cultura por preservar las tradiciones por más de 25 años, El Escudo de la Provincia de Ciego de Ávila, del Certificado Juan Marinello otorgado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y el Premio Nacional “Memoria Viva”, así como la orden Vivían Díaz que otorga la UNEAC.
  • Las actuaciones en el Teatro Nacional y en el García Lorca, de la capital del país, como también en el Heredia y en Plaza de Marte de Santiago de Cuba, sin obviar las que hicimos en el recinto ferial de EXPOCUBA.

A modo de resumen, el conjunto portador músico-danzario de las tradiciones haitianas Okay, es expresión genuina del entramado cultural del pueblo de Cuba que como un crisol se ha fundido para ser lo que es, conserva las raíces que la sustentan, al llevar 30 años de experiencia en el Movimiento de Artistas Aficionados y un currículum que avala su participación en eventos municipales, provinciales, nacionales e  internacionales, tiene claras diferencias con agrupaciones danzarias de esta naturaleza en la provincia y el país, sentido de pertenencia y el reconocimiento del pueblo.

Okay, no es cultura de negros, es blanco, mulato, indio, chino, árabe, es una mezcla interétnica de cubanos que son felices porque: tienen patria y libertad, entonces: danzan, cantan, bailan, juegan, ríen, se divierten, adoran a sus santos y defienden a la Revolución con su arte. Su destacada participación anual en las fiestas tradicionales del 10 de octubre, en la de Ana María del Mar en el puerto pesquero de Júcaro, en la del Palenque de Jagüeyal, en las fiestas del Baile del Guajiro y en los Festivales del Creador Musical Daniel Cruz Cosa en el municipio, en la fiesta del Caribe o del Fuego en Santiago de Cuba, en los festivales Internacionales de la Cultura Haitiana en La Habana, en las Tribunas Abiertas constituyen expresión del legado cultural y patriótico que la cultura franco-haitiana yhaitiana ha aportado a la formación, permanencia y expresión de la cultura cubana, así como a los procesos formativos del cubano.